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Varios casos sistematizados combinan elementos de adaptación: infraestructura de almacenaje de agua a lo largo del año con acceso a agua para fines productivos, para reducir dependencia de las lluvias; planificación participativa del territorio municipal para proteger vidas y bienes con el establecimiento de zonas de almacenaje del agua en acuíferos.En general, una estrategia de adaptación para un contexto específico probablemente consistirá en una combinación de medidas específicas.
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Esta mezcla depende del contexto local y del momento en el tiempo. “No hay una sola ‘mejor’ estrategia. Cada una depende de una variedad de factores, incluyendo la eficiencia económica, reducción de riesgo, robustez, resiliencia o confiabilidad” (Kabat et al., 2003: 38, traducción de la autora).
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Los casos sistematizados muestran que ya hay un nivel de inversión en adaptación autónoma. Especialmente los casos ubicados al lado derecho del continuum del “Análisis entre el desarrollo y la adaptación” pueden ser identificados como ejemplos de adaptación autónoma. Como se ha mencionado, no importa tanto si el tema fue considerado al planificar la innovación, sino el efecto sobre las capacidades de enfrentar CC&VC, McGray et al. (2007: 13) lo denominan “adaptación por accidente”.
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Sin embargo, la mayoría de casos ubicados a la izquierda, que reducen los determinantes de la vulnerabilidad de la población, aportan también a la adaptación, tal vez de una forma menos dirigida pero más segura, dada la poca información hidrológica y meteorológica disponible para las zonas de trabajo.
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En un contexto de incertidumbre, ¿qué tipo de adaptación es más sabio promover? En relación al peso relativo del continuum entre desarrollo y adaptación vale considerar: “En vista de la falta de proyecciones confiables sobre cambios futuros en las variables hidrológicas, aquellos procesos y métodos de adaptación que pueden ser implementados útilmente en ausencia de proyecciones precisas, como mejoras en la eficiencia en el uso del agua y gestión de la demanda del agua, ofrecen opciones “no lamentables”16 para enfrentar el cambio climático” (Bates et al., 2008, traducción de la autora). Es decir, estrategias y medidas de adaptación “no lamentables” arrojan beneficios con o sin que ocurran los efectos del cambio climático.
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En vista de esta incertidumbre, tal vez sea más importante fortalecer el proceso de la toma de decisiones que las mismas intervenciones que resultan de ello. Este proceso tiene que ser robusto en el sentido que se deja ajustar sobre la marcha, cuando surge nueva información o condiciones. Pero también tiene que reconocer que hay intereses que requieren ser balanceados (trade-offs) entre grupos, a partir de información compartida, transparente y con una visión de desarrollo clara (Ibídem: 26).
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En la toma de decisiones es clave considerar los principios de buena gobernanza: decisiones en el nivel apropiado, acceso a información, participación de todos los grupos de interés, acceso a justicia en caso de conflictos, representación y responsabilidad, entre otros (McGray et al., 2007: 27). Por eso la importancia de iniciativas como el Foro de los Recursos Hídricos, Ecuador, sistematizado por CESA, que buscan aportar a la gestión del agua con estos principios en mente.
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Finalmente, aunque la mirada del núcleo estaba dirigida a innovaciones en uso y gestión del agua, la adaptación al CC&VC y reducción de la vulnerabilidad de la población a menudo requiere una orientación fuera del sector, por ejemplo, promover la diversificación de la economía rural hacia actividades como turismo o artesanía que requieren menos agua verde y azul, o buscar mecanismos económicos para enfrentar riesgos como seguros agrícolas (ver ASOCAM, 2008b: 52).
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Lo que se desprende de los análisis entre costo y beneficios de cada caso es que las medidas de adaptación prácticas tienen que arrojar beneficios económicos a corto plazo (< 2 años) para ser calificados como exitosas por las familias campesinas y tener perspectiva de réplica sin altos niveles de subsidio.
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